Declaran como “Solemnidad” celebración de la Caridad del Cobre


A partir de este año 2014, el día de la Virgen de la Caridad del Cobre será celebrado como “Solemnidad”, según notificó la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del Vaticano al Presidente de la Conferencia Episcopal de Cuba (CEC), Monseñor Dionisio García Ibáñez.

Por su parte, el Papa Francisco envió el primer mensaje de un Papa en toda la historia dirigido a los cubanos debido al aniversario del hallazgo de la imagen de la también nombrada Virgen Mambisa, donde exhortó a “alegrarse, levantarse y perseverar”.

En la carta, publicada este sábado en el sitio de la CEC, el Sumo Pontífice aconsejó “tener alegría y compartirla con los que nos rodean, levantar el corazón y no sucumbir ante las adversidades y permanecer en el camino del bien, ayudando infatigablemente a los que están oprimidos por penas y aflicciones: he aquí las lecciones importantes que nos enseña la Virgen de la Caridad del Cobre, útiles para el hoy y el mañana”.

El Papa destacó también la reciente colocación de una imagen de la Virgen en los Jardines del Vaticano: “Su presencia allí constituye un recuerdo evocador del afecto y la vitalidad de la Iglesia que peregrina en esas luminosas tierras del Caribe”.

“Podemos decir que este año 2014, y en torno a la Fiesta de la Virgen de la Caridad del Cobre estamos con varios estrenos, de maravillosos estrenos. Pues estrenamos celebrar a la Virgen Patrona de Cuba como Solemnidad; estrenamos textos litúrgicos y de la Palabra de Dios para las misas del próximo día 8; estrenamos el primer mensaje de un Papa en toda la historia dirigido a todos nosotros por la Virgencita de la Caridad; y hace unos días se ha estrenado la presencia de una imagen de la Virgen en los Jardines Vaticanos.”

“Ciertamente que este 8 de septiembre de 2014 está adornado de gestos, textos, imágenes y mensajes llenos de sencillez y de amor como fue y es la Virgen Santísima. Celebrar como Solemnidad a la Virgen de la Caridad cada 8 de septiembre es algo muy importante, y ha supuesto pasar la Fiesta del nacimiento de la Virgen al día siguiente. Así lo ha aprobado la Iglesia Católica. La solemnidad en el culto católico es el mayor grado de celebración”, añadió.

En la Iglesia Católica, una Solemnidad es una celebración de máximo grado que conmemora un hecho importante para la fe. Las celebraciones se inician en las primeras vísperas del día anterior. Incluso cuentan con lecturas propias tomadas del Leccionario Dominical y sus Misas poseen oraciones propias para cada una de ellas.

En ese sentido, Monseñor Oropesa explicó que “en cuanto a los textos aprobados para la celebración de la Misa podemos ver que se nos muestra a la Virgen como Madre y Patrona nuestra, como la que nos acoge con amor materno desde el Calvario, como nuestra abogada intercediendo por nosotros, como la que nos acompaña en nuestros pasos hacia la patria celeste, como la que nos anima a dar testimonio del Evangelio, de su Hijo Jesucristo, en el mundo… Son unos textos sencillos aprobados casi cien años después de que el Papa Benedicto XV, en 1915, la declarara Patrona de Cuba”.

Los obispos cubanos han invitado a esta celebración “a todos los cubanos, porque la Virgen de la Caridad es nuestra, seamos creyentes o no creyentes, católicos o protestantes, o tengamos una devoción popular que pueda ser más o menos sincrética”.

“También nos dirigimos a nuestros hermanos cubanos que viven fuera de Cuba, porque la Virgen de la Caridad es símbolo de la Patria, es vínculo de unidad de nuestras familias, de nuestro pueblo y, ante todo, porque es la Madre de Jesucristo, el Hijo de Dios, Salvador de todos los hombres”, señalaron.

Se  reproduce a continuaciónel mensaje del Santo Padre Francisco a la Iglesia y al pueblo de Cuba con motivo de la festividad de la Virgen de la Caridad del Cobre:

 

Escudo del VaticanoAl Excmo. Mons. Dionisio Guillermo García Ibáñez

Arzobispo metropolitano de Santiago de Cuba

Presidente de la Conferencia de Obispos católicos de Cuba

 

Vaticano, 8 de septiembre de 2014

Querido Hermano:

Hace pocos días, la Venerada Imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre fue colocada en los Jardines Vaticanos. Su presencia constituye un recuerdo evocador del afecto y la vitalidad de la Iglesia que peregrina en esas luminosas tierras del Caribe, que desde hace más de cuatro siglos, se dirige a la Madre de Dios con ese hermoso título. Desde las montañas de El Cobre, y ahora desde la Sede de Pedro, esa pequeña y bendita figura de María, engrandece el alma de quienes la invocan con devoción, pues Ella nos conduce a Jesús, su divino Hijo.

Hoy que se celebra con fervor la fiesta de María Santísima, la Virgen Mambisa, me uno a todos los cubanos, que ponen sus ojos en su Inmaculado Corazón, para pedirle favores, encomendarle a sus seres queridos e imitarla en su humildad y entrega a Cristo, de quien fue la primera y mejor de sus discípulos.
Cada vez que leo la Escritura Santa, en los pasajes en que se habla de Nuestra Señora, me llaman la atención tres verbos. Quisiera detenerme en ellos, con el propósito de invitar a los pastores y fieles de Cuba a ponerlos en práctica.

El primero es alegrarse. Fue la primera palabra que el arcángel Gabriel dirigió a la Virgen: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc 1,28). La vida del que ha descubierto a Jesús se llena de un gozo interior tan grande, que nada ni nadie puede robárselo. Cristo da a los suyos la fuerza necesaria para no estar tristes ni agobiarse pensando que los problemas no tienen solución. Apoyado en esta verdad, el cristiano no duda que aquello que se hace con amor, engendra una serena alegría, hermana de esa esperanza que rompe la barrera del miedo y abre las puertas a un futuro prometedor. «Yo soy la Virgen de la Caridad», fue lo que leyeron los tres Juanes en la tablilla que flotaba en la Bahía de Nipe. Qué lindo sería si todo cubano, especialmente la gente joven, pudiera decir lo mismo: « Yo soy un hombre de la Caridad»: vivo para amar de veras, y así no quedar atrapado en la espiral nociva del ojo por ojo, diente por diente. Qué alegría siente el que ama auténticamente, con hechos diarios, y no es de los que abunda en palabras vacías, que se lleva el viento.

El segundo verbo es levantarse. Con Jesús en su seno, dice san Lucas que María se levantó y con prontitud fue a servir a su prima Isabel, que en su ancianidad iba a ser madre (cf. Lc 1,39-45). Ella cumplió la voluntad de Dios poniéndose a disposición de quien lo necesitaba. No pensó en sí misma, se sobrepuso a las contrariedades y se dio a los demás. La victoria es de aquellos que se levantan una y otra vez, sin desanimarse. Si imitamos a María, no podemos quedarnos de brazos caídos, lamentándonos solamente, o tal vez escurriendo el bulto para que otros hagan lo que es responsabilidad propia. No se trata de grandes cosas, sino de hacerlo todo con ternura y misericordia. María siempre estuvo con su pueblo en favor de los pequeños.

Ella conoció la soledad, la pobreza y el exilio, y aprendió a crear fraternidad y hacer de cualquier lugar en donde germine el bien la propia casa. A Ella le suplicamos que nos dé un alma de pobre que no tenga soberbia, un corazón puro que vea a Dios en el rostro de los desfavorecidos, una paciencia fuerte que no se arredre ante las dificultades de la vida.

El tercer verbo es perseverar. María, que había experimentado la bondad de Dios, proclamó las grandezas que él había hecho con Ella (cf. Lc 1,46-55). Ella no confió en sus propias fuerzas, sino en Dios, cuyo amor no tiene fin. Por eso permaneció junto a su Hijo, al que todos habían abandonado; rezó sin desfallecer junto a los apóstoles y demás discípulos, para que no perdieran el ánimo (cf. Hch 1,14). También nosotros estamos llamados a permanecer en el amor de Dios y a permanecer amando a los demás. En este mundo, en el que se desechan los valores imperecederos y todo es mudable, en donde triunfa el usar y tirar, en el que parece que se tiene miedo a los compromisos de por vida, la Virgen nos alienta a ser hombres y mujeres constantes en el buen obrar, que mantienen su palabra, que son siempre fieles. Y esto porque confiamos en Dios y ponemos en Él el centro de nuestra vida y la de aquellos a quieres queremos.

Tener alegría y compartirla con los que nos rodean levantar el corazón y no sucumbir ante las adversidades, permanecer en el camino del bien, ayudando infatigablemente a los que están oprimidos por penas y aflicciones: he aquí las lecciones importantes que nos enseña la Virgen de la Caridad del Cobre, útiles para el hoy y el mañana. En sus maternas manos pongo a los pastores, comunidades religiosas y fieles de Cuba, para que Ella aliente su compromiso evangelizador y su voluntad de hacer del amor, el cimiento de la sociedad. Así no faltará alegría para vivir, ánimo para servir y perseverancia en las buenas obras.

A los hijos de la Iglesia en Cuba les pido, por favor, que recen por mí pues lo necesito.
Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide siempre.
Fraternalmente,

Franciscus.

COn información de: http://oncubamagazine.com/sociedad/declaran-como-solemnidad-celebracion-de-la-caridad-del-cobre/

Publicado el 08/09/2014 en Religion y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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