Harold López-Nussa: «No sé si logro algo diferente, pero lo intento


Por  Claudia Padrón Cueto
En Cuba es diferente. Aquí puedo vivir bien tocando lo que me apasiona. Cuba te da libertad de hacer lo que realmente te gusta. Es un privilegio que no tendría si viviera en otro país.

Después de más de una hora de conversación, la entrevista ya está terminada. Ahora resta tomarle unas fotos que acompañarán este texto. Pensé que solo posaría, pero una vez frente al teclado comienza a mover sus dedos. Como si fuera incapaz de estar frente al piano y no tocar.

Él dice que prefiere a Beethoven por la fuerza, por el carácter y sí, puede que haya del virtuoso en él; ahora, justo cuando intento captar el instante con la cámara, él está frente al piano transformándose física y mentalmente. Con esa misma locura coherente, quizás menos inquieta que la de Glenn Gould, pero paralela. Harold López-Nussa es incapaz de sentarse frente a un piano y no tocar.

—¿En qué medida los reconocimientos que ha alcanzado le han abierto puertas?

—Siempre digo que los premios no deben definir lo que eres, pero debo admitir que sí lo hacen. Ese premio de Suiza en el 2005 me dio mucha confianza. Vengo de la escuela cubana de música, donde mi formación era solamente clásica. Nunca tuve acercamientos al jazz. Mientras lo clásico no se sale de la partitura, el jazz es lo contrario: tienes un tema, una base, pero el desarrollo viene de ti. No sabes cómo va a acabar, porque precisamente todos los días, cada vez que lo toques, puede ser diferente.

«Ganar el certamen, donde había numerosos músicos y un jurado reconocido, me dio seguridad. Fue una señal de que no lo estaba haciendo tan mal. Además, me abrió muchas puertas: grabar un disco en Suiza al otro año, participar en varias ediciones del festival, trabajar con una agencia en Francia.

«Otro premio que impulsó mi carrera internacionalmente fue el Talento Jazz 2011 otorgado por la sociedad gestora de derechos de autor francesa Adami. Me permitió tocar en los festivales más importantes y en los principales escenarios de Europa. No es igual tocar para 100 personas que para cinco mil. Hay mucha gente viéndote y trae consigo más trabajo, más alcance de tu obra».

—¿Qué acercamiento le dio la escuela cubana de música al jazz?

—Todo lo que soy como pianista se le debo a esa escuela. Tuve excelentes profesores y una formación muy fuerte que ahora agradezco. Pero no tenemos la oportunidad de que si hay un músico que no tiene interés por la obra de Mozart, sino por la de Matamoros o Duke Ellington, aprenda sobre ellos. No hay ni siquiera un curso sobre música cubana o jazz donde un profesor te enseñe a tocar estos géneros. Deberíamos prestar atención en algún momento a esa deficiencia.

«Siempre hay que tomar alternativas. Yo mismo lo aprendí en la calle, de amigos, familia, y este “aprendizaje callejero” tiene un filin diferente si lo comparamos con otros artistas que lo aprenden en academias norteamericanas, donde le enseñan a tocar el bebop o el free jazz, y logran hacerlo con exactitud porque se lo inculcaron, aunque a veces no tengan el talento.

«La música clásica te da una formación como instrumentista muy superior que cualquier otra. No es cuestión de dejarla a un lado; pero se agradecería mucho si la academia cubana se abriera a otros estilos».

—Ha compartido escena con prestigiosos músicos, tanto cubanos como extranjeros, pero la propuesta Cuatro veces López-Nussa tuvo la peculiaridad de que lo hiciera con su propia familia…

—Es muy cómodo tocar con mi familia por la confianza, el respeto. Este proyecto puso ante nosotros un reto. Apostamos por un formato diferente: dos pianos, dos baterías y una trompeta invitada. Hay que darle riendas a la imaginación para hacer que eso suene, teniendo en cuenta que a los pianos les faltan las frecuencias bajas. Y logramos que se escuchara bien.

«Por otra parte, les debo muchísimo de lo que soy hoy a mi tío y a mi papá. Siempre han estado ligados a mi formación. Cada paso que doy se lo comento, escucho sus opiniones. Estar con ellos en el escenario defendiendo la música de cualquiera de los cuatro es muy importante para mí».

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—Harold compositor…

—Es una faceta que he ido desarrollando con el tiempo. Hay períodos que tengo muchas ideas, estoy componiendo constantemente; otros, prefiero tocar la música de diversos autores.

«A veces compongo desde mi soledad, otras veces en el ajetreo de los viajes. Y esa idea primaria se la presento a otros músicos y ellos van enriqueciéndola. Después la comparto con el público y, según la recepción, puedo cambiarla. Ellos no tienen ese sentimiento paternal con el que yo puedo ver mi propia obra. Al público o le gusta, o no. No hay obligación. Siempre reaccionarán con sinceridad.

«Creo que lo más difícil para un creador es encontrar una manera propia de decir las cosas; ni siquiera sé si logro hacer algo diferente, pero lo intento».

—¿Qué busca incluir en sus producciones discográficas? ¿Cómo selecciona los temas?

—Varía. Depende de lo que quiera decir, del formato, ya sea trío o cuarteto. El último cd, a diferencia de los anteriores, es mi obra, casi en su totalidad. Música que estuve probando durante dos años y que finalmente grabé con los artistas junto a los que toco en Cuba.

«Lo más importante es que me guste a mí. El cd se vende poco, he tenido suerte en ese sentido, al licenciar mis producciones con disqueras europeas y americanas, pero sigue teniendo un público reducido. Cuando voy a grabar, a seleccionar temas, pienso cómo me gustaría a mí. Es lo que va a quedar cuando no esté».

—¿Los bajos niveles de venta a los que se refiere los relaciona con la desventajosa promoción que tiene el jazz respecto a otros géneros?

—Está en desventaja, es en el mundo entero. A no todas las persones les gusta el jazz, ni tienen por qué consumirlo. En Cuba, a pesar del subdesarrollo, de los infinitos problemas, siempre se ha tratado de conservar la cultura. Hay lugares para tocarlo, aunque no en horarios estelares; también existen espacios en la televisión que lo promocionan. Siempre queremos que sean más. Nadie puede decir que no le gusta si no lo ha escuchado.

«Aquí hay un respeto por los músicos que a veces no veo en otros lugares. Hay países donde es difícil pagar las cuentas con la melodía. Muchos se sorprenden cuando les digo que solo hago esto, como si ser pianista fuera insuficiente, y en Cuba es diferente. Es bien visto vivir de la música. Incluso puedo tener una vida confortable sin tener la preocupación de ganar más dinero. Si esa fuera mi prioridad, haría otro género, no el que hago, pero aquí puedo vivir bien tocando lo que me apasiona. Quizás por eso Cuba es el país donde elijo vivir. Si tengo trabajo, mejor; si no, me quedo en casa estudiando, componiendo. No tengo que irme a tocar algo que no deseo por la presión de la renta, las cuentas. Cuba te da libertad de hacer lo que realmente te gusta. Es un privilegio que no tendría si viviera en otro país».

—¿Disqueras cubanas o internacionales?

—Con la disquera cubana que más he trabajado es Colibrí, le debo mucho, al igual que otros creadores que tras años sin grabar volvieron a los estudios, gracias a esta casa cuyo fin es preservar esa música que no es comercial, que apenas vende.

«Las disqueras cubanas te dan libertad como creador. No tienes apremio de estudio. Te facilitan todos los músicos que necesites, los días que requieras para grabar. La premisa es salvaguardar la memoria musical.

«En otros países el interés es puramente comercial. El capital disponible es proporcional a lo que se recuperará en las ventas. Y en el caso del jazz no habrá altas ventas, por tanto, tampoco habrá mucho dinero para los gastos de producción.

«También es evidente que para una carrera internacional abre más puertas una producción con una disquera europea de renombre. Las dos experiencias tienen prejuicios y beneficios, agradezco haber tenido ambas».

—En el éxito de Harold, ¿cuánto de suerte, cuánto de esfuerzo?

—Es muy difícil hacer una carrera internacional desde Cuba. Un factor es tratar de hacer las cosas bien, de lograr algo que guste. Pero también existe el factor suerte: estar en el momento adecuado, en el lugar adecuado.

«Recién regresé de una extensa gira por Canadá y Estados Unidos, y esa oportunidad vino gracias a que hace un tiempo, en el Festival de jazz, tuve que a última hora reemplazar a Chucho Valdés, y alguien que había ido a verlo para ofrecerle  un proyecto con Chick Korea, me escuchó y le gusté. Desde entonces, estamos trabajando juntos. Si no hubiese estado ahí, no me hubiese pasado.

«Por otra parte, nunca estoy conforme; no quiero hacerlo “bien”, quiero hacerlo mejor. Me autocritico mucho. Intento crecer todo el tiempo. Buscar y experimentar nuevas sonoridades».

Publicado el 20/11/2014 en Cultura, musica cubana y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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