Tomás Milián en Cuba, cerrando círculos


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Tomás Milián está en La Habana. Después de 60 años sin visitar la ciudad donde nació el 5 de marzo de 1933 ha venido para recibir un homenaje preparado por la Cinemateca de Cuba y que incluye una retrospectiva de filmes en los que ha participado a lo largo de su extensa carrera.

Tomás Quintín Rodríguez Milián partió de Cuba a los 21 años con el propósito indoblegable de ser actor.  Lo primero que hizo al llegar a New York fue presentarse en Actor’s Studio, y allí le dijeron que debía perfeccionar el inglés. Al cabo de un tiempo corto en la Marina norteamericana, donde mejoró el idioma, volvió a Actor’s Studio, hizo dos audiciones, y lo aprobaron entre tres mil aspirantes. Entró allí definitivamente el 18 de diciembre de 1957. Es el único cubano, hasta hoy, que lo ha logrado. Ese día recibió el primer aplauso de su vida.

La historia después es muy suculenta: Italia, Francia, Mauro Bolognini, Luchino Visconti, Michelangelo Antonioni; Pier Paolo Pasolini, Bernardo Bertolucci; Hollywood, Sidney Pollack, Oliver Stone, Steven Spielberg, Steven Soderbergh.

Tomás Milián es un hombre muy vital a sus 81 años. Demuestra un sentido del humor perenne, como una marca indiscutible de su cubanía, adornada con los frecuentes ecco y anyway que están impresos en su forma de hablar. Confesó sentirse muy alegre de estar en La Habana, a la que en su opinión encontró casi igual a como la había dejado.

SM: En el encuentro que sostuvo con la prensa, realizadores y especialistas usted afirmó que de joven era “retama de guayacol”. ¿Cómo puede un hombre que salió de su país hace 60 años, y no regresó hasta hoy, decir una frase tan cubana de una manera tan orgánica y natural?

TM: Nunca más la había dicho desde que salí de Cuba, pero estar aquí me está sacando “el cubano, el bichito”.

SM: ¿Dice que encontró La Habana casi como la dejó?

TM: Sí, porque he encontrado todo lo que yo buscaba, todo lo que significaba algo para mí; están ahí las casas, heridas, húmedas, con el paso del tiempo, pero están ahí.

SM: Hasta ahora, con lo poco que ha podido intercambiar con sus compatriotas, ¿cómo se siente?

TM: Estoy hablando con cubanos como yo, y me da placer; observo un poco de curiosidad, pero también un poco de ternura en la gente, en usted…

SM: Usted la inspira.

TM: Gracias, gracias. Estoy feliz, estoy contento. Me parece un sueño, me parece que mañana voy a despertar y todo esto no será verdad, porque me encanta este recibimiento que me han dado, me encanta ver mis fotografías de las paredes en exhibición, es la primera vez que me pasa, y es todo nuevo para mí.

SM: ¿Cómo llegó usted a la cultura india?

TM: Yo llegué a la India en un viaje de desesperación, en un período en que estaba llevando una vida muy irregular, yo creo que si seguía por ese camino no iba a terminar bien; leí una vez en una revista italiana acerca de un gurú y le dije a mi mujer ¿Sabes Rita? Me voy a la India a buscar a este gurú que dicen que hace milagros, y a mí ya solo un milagro me puede cambiar.

Fui a buscar al gurú para me ayudara porque con la religión católica no…, pero yo tengo ese sentimiento religioso que me ayuda a vivir pensando que hay algo después que yo me puedo ganar con paciencia, dolor, o lo que sea.

Pero en el ser humano pasa algo en momentos de desesperación que tú crees que no puedes seguir y no estás loco como para matarte,- como hizo mi padre-, y crees que este hombre, que este gurú te cura, pero no es el hombre, es el viaje que tú haces, tan lejos, tan difícil, tan doloroso que cuando llegas a arrodillarte a sus pies, ese gesto de humildad, de desesperación, ese llanto que te viene cuando él se para y no sigue caminando, y te toca la cabeza ,es decir que te notó, eso y el nuevo llanto de alegría y   conmoción, eso te cura, pero es nada más que la fe, porque él es un hombre como tú que se ha dejado crecer el pelo, y usa una túnica naranja y camina tan despacito que parece que camina por las nubes y te sientes en el cielo con él y te curas, pero eres tú que te curas, esa fe y el amor.

SM: ¿Estas fotos son una expresión de esa cura?

TM: Ecco, salieron por eso, justo; un día allá en la India, yo tenía en las manos una cámara fotográfica y vi una mancha en una pared y la fotografié y me gustó tanto la sensación de pintar con mis ojos una cosa que estaba ahí de casualidad, que después empecé a buscar paredes con manchas que me hicieran pintar sin pintar, o sea pintar con los ojos, las manchas del tiempo, y las busqué además en Roma, Venecia, New York y Miami. Esas son mis fotos que conforman la exposición Muros que se exhibe en el Centro de Promoción Cinematográfica del ICAIC.

Cuando empecé me enamoré de las paredes y ya actuar pasaba a un segundo término, era como que había encontrado una nueva manera de “exprimirme”; pero mentira porque fue un momento en que sentí la necesidad de hacer estas fotografías, era en ese momento, pero nunca más he vuelto a fotografiar, ya no me interesa.

SM: De los muchos directores cinematográficos con los que trabajó en su larga carrera ¿De cuál aprendió más?

TM: Aprender…, o sea, yo soy actor, y ni en el Actor’s Studio aprendí nada, no sé…, yo soy actor y lo soy desde que nací, yo creo que cuando salí del útero de mi madre fue una actuación mía, un grito de dolor, que marcó toda mi vida.

SM: Lost City, dirigida en el año 2006 por el actor cubanoamericano Andy García, padece muchas imprecisiones históricas, pero no obstante, logra recrear un ambiente cubano, sobre todo en cuanto al entorno familiar, a lo que sin dudas contribuye su desempeño como Don Federico Fellove. ¿Cómo construyó este personaje? ¿Tuvo como modelo a alguien de su familia?

TM: Sí, mi abuelo era así, era un patriarca. Se sentaba en la cabecera de la mesa con la familia alrededor. Sí, me salió de mis recuerdos, de donde yo crecí, y fue una cosa muy emotiva; tanto, que en la escena en que estamos todos a la mesa esperando por Andy, él llega, yo le recuerdo la hora y él me da un beso en la cabeza, yo no pude controlarme y me eché a llorar, porque Andy es una persona muy tierna, es muy cariñoso y no es falso, es auténtico, y además como todo era tan auténtico en la escena, los muebles, las cosas, la familia, yo, también, auténtico, me conmovió mucho.

SM: La escena de la despedida de su hijo que se va a los Estados Unidos es también muy auténtica, sin embargo usted no vivió las despedidas de las familias cubanas que se iban a Estados Unidos.

TM: Pero yo sí viví ese momento, en la película, porque sintiéndome como mi abuelo no estoy inventándome cosas; si yo no me fui de Cuba, si yo no emigré en momentos como esos, sí emigré con esa película y todo lo que usted vio ha sido sentido en mi propia piel y por eso me eché a llorar, porque a veces era tan real la situación que no podía… Además el adiós, los abrazos, llora tu esposa, y tú estás tratando de no llorar y llora tu hijo que se va.., no, no…

SM: ¿Cómo fue trabajar bajo la dirección de su compatriota Andy García?

TM: Con Andy todo era muy real, hasta la colonia de Guerlain que estaba en la mesa de noche en otra escena, -en que yo estoy en la cama hablando con él-, que la llevé yo de mi casa, pero era un pomito pequeño debí llevar el bonito, el grande, porque no se ve en la película, pero estaba ahí y yo lo sabía, con eso bastaba.

Andy tiene mucha pureza, mucha bondad y es un “cubano rellollo”, de esos cubanos de Pinar del Río. No sé por qué esa tierra da tanta gente buena.

Mire un detalle de la dirección de Andy. Recordará la escena en que un personaje en un bar pide un café y se lo toma en el platico de la taza, yo dije: Pero Dios mío ¿qué es esto?

SM: ¿Se llevaron bien entonces, de cubano a cubano?

TM: Sí, cómo no, pero además ¿quién no se lleva con Andy? Somos amigos, no hay necesidad de verse, ni de llamarse, esa es una relación para toda la vida, es parte de mis recuerdos, de mí, de mi familia.

Yo le pedí a Andy una canción que a mí me conmueve mucho porque me recuerda a mis abuelos que es Veinte años, de María Teresa Vera y él la puso en la película para complacerme a mí.

Me sentí muy bien haciendo esta película que fue como cerrar un círculo de mi vida, no el último porque se siguen cerrando círculos…

SM: ¿Será esta visita a Cuba otro círculo que se cierra en su vida?

TM: Claro, este es otro círculo importante que se cierra.

http://progresosemanal.us/

Publicado el 01/12/2014 en cine, Cultura y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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