Polemizando en el Versailles


Este 17 de diciembre se tendió un puente sobre más de cincuenta años de tensiones políticas entre Cuba y Estados Unidos. La excarcelación del contratista norteamericano Alan Gross y de los tres cubanos Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero, así como el sorpresivo anuncio de que Estados Unidos y Cuba se moverán para restablecer las relaciones diplomáticas entre ambas naciones, generó un clima de euforia en los cubanos de dentro y fuera de la Isla.

En Miami, en el simbólico restaurante Versailles de la Calle 8 -escenario histórico de protestas de los cubanos con posiciones contrarias a los gobiernos de Fidel y Raúl Castro-, este miércoles fue diferente. Cientos de personas permanecieron hasta altas horas de la noche polemizando acerca de los discursos de Barack Obama y Raúl Castro.

Y decimos polemizando porque fue esta una protesta inusual en el Versailles, clara muestra de que las posiciones ideológicas de la comunidad cubana en Miami se han venido transformando en la última década. No era, como es costumbre, un grupo en contra de los Castros. Al Versailles este miércoles fueron también quienes querían hacer público su apoyo a las nuevas medidas.

En medio de la multitud se podía, claramente, dividir en tres aquel ambiente. Uno, el de desilusión y desánimo de quienes creen que cualquier medida de acercamiento a la Isla no es sino una cesión ante los Castro. Es un “absurdo el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, significa una concesión hacia un régimen que sigue manteniendo la opresión sobre el pueblo cubano y su influencia corrosiva sobre las democracias latinoamericanas”, aseguró para la televisión local, el presidente del Directorio Democrático Cubano, Orlando Gutiérrez.

Opiniones como estas se escuchaban a gritos enfrente del restaurante pero había también allí un ambiente de indignación. Indignación no solo con Obama y Raúl sino con otro grupo de cubanos, un grupo que estaba firme, para mostrar a quien fuera su acuerdo con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y el fin del embargo. Comunistas, decían los primeros, Miami está llenándose de comunistas, pero ¿era esa una justa acusación?

Nos acercamos a un joven que defendía con determinación sus ideas. Él no quiso decir su nombre, había preferido no hablar frente a las muchas cámaras que se encontraban anoche en el Versailles, sin embargo se alejó un poco y nos explicó el por qué estaba desde temprano y permanecería hasta que se fuera la última persona. “Yo no creo en la política, tampoco en los políticos. Yo vine a este país porque mi familia lo decidió y yo me he enamorado de Miami. Pero eso no excluye mi amor hacia Cuba, mis años felices. Mi familia vino porque nos llegó el bombo, entramos a ese sorteo porque queríamos probar fuera de Cuba. Porque en Cuba, cuando nos fuimos hace 15 años, teníamos muy pocas oportunidades de vivienda.

“Durante todo este tiempo he cambiado mucho, he crecido al ritmo en que uno crece en un país extranjero, que es casi siempre un crecimiento duro, a base de sacrificio, de sueños y de un renacer constante. He ido a Cuba cada vez que he podido, que han sido, por cierto, muchas veces. He visto en los últimos meses una Cuba que se mueve, una Cuba que pareciera tenerlo todo para prosperar y me duele, me duele mucho que todas estas personas hagan de su rencor una bandera en contra del sentido común.

“He aprendido en Miami a comprender el dolor de muchas personas que llegaron a este país en circunstancias diferentes a las mías. Personas que en el trascurso de estos 50 años han llegado de una y otra manera con una historia que explica su oposición al gobierno cubano. He aprendido a respetarlos y a comprenderlos, pero tengo muy claro que esa no es mi historia. Que llegar a Miami no puede ser sinónimo de romper relaciones con Cuba, que el bloqueo es realmente un absurdo, que la gente y los países debieran tener el derecho a salir adelante, que no logras ir a la universidad si tus padres te impiden que hagas las pruebas de ingreso, que es momento, sino lo fue hace años, de mirar hacia adelante a pesar del rencor. Que Cuba merece, como cualquier país, tener esa oportunidad, y que es –repito-, de un absurdo sin iguales que alguien vea a mal el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre dos naciones. He preguntado aquí una y otra vez esas supuestas razones y además de escuchar historias de vida personales y de recibir acusaciones de comunista, aun nadie me ha dicho qué sentido tiene el embargo”.

Habríamos podido estar toda la noche mantener ese diálogo pero alguien lo interrumpió. Al final de la noche nos encontramos con alguien más, de esas tantas personas que ayer también estuvieron en el Versailles como espectadores, gente que quería saber cómo pensaban de uno y otro lado.

Ella había llegado a USA hace apenas 5 meses y tenía una sola preocupación, si cambian las leyes antes de que sea residente, ¿podré serlo? No lo sabemos, le dijimos, ¿te asusta eso? Mucho, respondió, la duda no me ha dejado festejar. Y ese era, a las claras, el tercer grupo, el de quienes no dicen nada, se preocupan un tanto por su destino personal, no apoyan ni a una ni a otra parte, pero en el fondo si les preguntas tres veces terminarán diciéndote que desean la paz.

La Nación somos todos, allá y aquí, y no es unánime. Algunos piensan que la apertura es contraproducente, que propiciaría un clima de restricción y autoritarismo. Otros suponen que es el inicio de la distensión necesaria para que se abandone un esquema de confrontación y defensa, de modo que se acompañen las actuales aperturas económicas de reformas políticas más participativas. Hay en el centro, una verdad en todo esto: Hoy hablamos todos, los que felicitaron a Obama por una decisión que ha hecho historia; los que lo acusan de traición; los que se asustan ante la posibilidad que antes del año y un día se derogue la Ley de Ajuste Cubano; los que quieren volver, los que no miran atrás. Cuba habló en Miami y en el Versailles con una multiplicidad de lenguajes que no son sino una muestra de que cómo tanto el país como la comunidad de cubanos emigrados ha cambiado. ¿Qué haría entonces lógica una política paralizada entre ambos países?

Publicado el 22/12/2014 en Política y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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