lgunos negocios de Maryland dirigen su vista a la frontera cubana


Antes de la revolución cubana, la relación de Maryland con la isla caribeña era de mucha azúcar y especias.

McCormick & Co., con sede en Baltimore, y la ya desaparecida Baltimore Spice Co. tuvieron negocios allá, y cuando se reabrió una refinería de azúcar en 1929, un senador federal por Maryland calificó a Cuba, con sus campos de caña de azúcar, de “un suburbio de Baltimore”. La refinería se convirtió en Domino, el hito al borde del agua.

Aunque la revolución en 1959 y el subsiguiente embargo económico de EE.UU. pusieron fin al dulce negocio entre Maryland y Cuba –en otra época uno de los mayores clientes de las exportaciones de Baltimore– el presidente Barack Obama recientemente ha planteado la perspectiva de la renovación del comercio.

El anuncio de Obama de que tiene la intención de normalizar las relaciones diplomáticas y relajar algunas restricciones económicas dista mucho de la eliminación del embargo, una barrera de varias leyes que tendría que ser desmantelada por el Congreso. Pero al igual que compañías de Maryland estuvieron interesadas en las perspectivas de Cuba, cuando el presidente Jimmy Carter relajó algunas restricciones a fines de la década de 1970, nuevamente están vigilantes para ver como se desarrollan los hechos.

“Siempre estamos buscando nuevos mercados”, dijo Jim Lynn, un vocero de McCormick, quien agregó que es demasiado temprano para decir qué significaría para la compañía el relajamiento de las restricciones. “Vamos a monitorear la situación cambiante y tomar una decisión acerca de su potencial como un mercado apropiado para nosotros. Es difícil decir qué tiempo nos llevará esto”.

La compañía de hospitalidad Marriott & Ritz Carlton, con sede en Bethesda, se inicio a fines de la década de 1920, pero nunca tuvo un hotel en Cuba. Sin embargo, la compañía observa ahora a la Isla y ve potencial, dijo Laurent de Kousemaeker, principal funcionario de desarrollo para Latinoamérica y el Caribe.

“Tenemos interés en desarrollar productos dondequiera que vayan nuestros clientes”, dijo de Kousemaerk. Cuba “no posee en la actualidad mucha oferta hotelera. Solo unos 300 hoteles en todo el país, 51 000 habitaciones, lo cual es una cifra pequeña”, dijo, y agregó que gran parte de las instalaciones hoteleras son viejas o no cumplen las normas que exigirían los viajeros prósperos.

La compañía de la localidad con el vínculo cubano más estrecho es Domino Sugars, cuya refinería en el puerto de Baltimore fue inaugurada con gran fanfarria en 1922 por la American Sugar Refinery Co. y una hiperbólica declaración del senador John France. La planta ha cambiado de manos desde entonces y recientemente fue comprada por una filial de la corporación Fanjul, propiedad de cuatro hermanos nacidos en Cuba y herederos de un imperio azucarero. La refinería de Baltimore tiene 485 empleados.

Los Fanjul abandonaron Cuba, y sus campos de caña y otras propiedades fueron confiscados por los rebeldes que encabezaban Fidel Castro y Che Guevara, los cuales habían derrocado al dictador Fulgencio Batista, amigo de los negocios. Uno de los hermanos, Alfonso Fanjul, de 77 años, figura clave del movimiento anticastrista norteamericano, dijo a The Washington Post que estaría dispuesto a invertir nuevamente en Cuba si hubiera un acuerdo entre su Cuba natal y Estados Unidos.

Funcionarios de Domino Sugars declinaron hacer comentarios para este artículo.

Cuba necesita de la inversión extranjera para desarrollar su industria, agricultura, turismo, viviendas, transporte y comunicaciones. Medio siglo de economía controlada por el gobierno, baja tasa de inversión extranjera y el colapso de su principal benefactor, la Unión Soviética, han dejado su huella en un país cuya capital, La Habana, fue en otros tiempos Las Vegas de su época.

El país de 11 millones de habitantes es más pequeño que Pennsylvania en cuanto a área, con una economía que ha sido comparada por su magnitud con la de Tennessee, Hawaii o New Hampshire. Es difícil calcular los ingresos por núcleo familiar, pero existe el potencial para el comercio. El Instituto Peterson para la Economía Internacional estima que las exportaciones de EE.UU. a Cuba podrían llegar a $4,3 mil millones de dólares al año y las importaciones desde Cuba a $5,8 mil millones.

En la actualidad, bajo una excepción al embargo para suministros de alimentos, agrícolas y médicos, vendidos en transacciones en efectivo, EE.UU. exporta de $300 a $500 millones anuales en bienes a Cuba. No está claro cuánto proviene de Maryland, ya que ni el Departamento de Agricultura de EE.UU. ni el de Maryland compilan tal información. Como la compañía ha establecido mercados allí, dijo, “no prevemos un incremento abrupto en la cantidad de negocios que hacemos allá”.

La asociación Maryland-Cuba en otro tiempo fue sustancial. En la década de 1920, Baltimore tenía dos grandes clientes de exportaciones, Gran Bretaña y Cuba. Según un reporte del Baltimore Sun en 1928, “Cuba cubría la gama” de bienes que compraba a la ciudad: calzado, barriles, bañaderas, neumáticos y guantes. También en la década de 1920, Baltimore era el punto de descarga para los envíos de piña cubana.

A fines de la década de 1970, Harry K. Wells, por entonces presidente de McCormick & Co., dijo que su compañía “en otros tiempos hacía muy buenos negocios” en la isla y, si surgía de nuevo la oportunidad, le encantaría reanudar el vínculo.

Wells hizo ese comentario cuando el presidente Carter trataba de enmendar las relaciones con Cuba. Él abrió la Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana, cuyo personal pertenece al Servicio Exterior de EE.UU., pero que no tiene statu de embajada. En 1977, Carter permitió que caducara una de las restricciones de viaje y eliminó una regulación que limitaba el gasto en dólares norteamericanos en Cuba.

Con la esperanza de que la barrera al comercio pudiera ser eliminada, en marzo de 1978 una delegación de Baltimore y Nueva York realizó un viaje de cinco días a Cuba para reunirse con funcionarios gubernamentales y explorar perspectivas de comercio. Según versiones del Baltimore Sun, participaron representantes de 11 compañías de Baltimore, incluyendo funcionarios de Atlantic Engine Power Co., Maryland Bolt and Nut, y Teledyne Energy Systems.

Regresaron con opiniones variadas. Algunos diciendo que había valido la pena el viaje y otros pronosticando que las barreras al comercio permanecerían en vigor durante muchos años, Nadie firmó acuerdos, ya que no era posible bajo el embargo.

Cuatro años más tarde, el nuevo presidente Ronald Reagan restauró las restricciones que Carter había permitido que caducaran y las conversaciones acerca de la eliminación del embargo se disiparon.

Las medidas que Carter tomó no fueron tan significativas como las de Obama, pero obstáculos formidables se mantienen en ambos países. El gobierno cubano permite algunas pequeñas empresas privadas, lo cual ha ayudado a cultivar una creciente clase media, pero aún controla la mayor parte de la actividad económica y posee las principales producciones industriales y agrícolas.

Richard Feinberg, miembro de la Institución Brookings, describió la actitud de los líderes cubanos hacia la inversión extranjera como “ambivalente. Ellos reconocen algunos de los beneficios, pero también están preocupados acerca de lo que consideran impactos adversos”.

Las empresas propiedad del estado no quieren competencia, y funcionarios cubanos probablemente desean que disminuya la brecha entre los salarios de los trabajadores y los que están en puestos gerenciales de nivel, dijo Feinberg, profesor de economía política internacional en la Universidad de California, San Diego.

El legado de la Cuba prerrevolucionaria de compañías extranjeras que se enriquecían en medio de la extendida pobreza cubana también permanece, dijo.

“En general, muchos cubanos aún piensan que las grandes multinacionales se aprovecharán de su poder para explotar a los cubanos y a los trabajadores cubanos”, dijo Feinberg.

Philip Brenner, experto en economía y política cubanas en la American University, dijo que algunas restricciones se eliminarán con más facilidad que otras. Las barreras al turismo norteamericano puede que sean las primeras en caer, dijo.

Con información de : The Baltimore Sun

Publicado el 05/01/2015 en Economia y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: