La transición cubanoamericana: Los cambios demográficos promueven cambios ideológicos


Los cambios recientemente propuestos a la política norteamericana hacia Cuba han sido considerados por los críticos como una capitulación ante el gobierno cubano, mientras que los partidarios dicen que es un ajuste necesario desde hace mucho a una fracasada política inspirada por la geopolítica de la Guerra Fría. En ambos grupos hay quienes piensan que es una decisión arriesgada por parte del presidente Obama. El riesgo relacionado es la alienación del electorado cubanoamericano en el sur de la Florida, el cual pudiera colocar al candidato presidencial demócrata en una posición precaria para ganar las elecciones en el tercer estado más populoso del país.

Los partidarios de la visión señalan que la comunidad cubanoamericana del sur de la Florida está cambiando y que sus actitudes extremistas han sido atemperadas por el tiempo y una transición demográfica provocada por una segunda generación y nuevos inmigrantes desde la Isla. Gran parte de la evidencia empírica para el argumento que apoya la visión cambiante proviene de la encuesta de la FIU acerca de Cuba, una investigación que ha seguido las actitudes cubanoamericanas acerca de la política de EE.UU. hacia Cuba.

Desde 1999, la Encuesta de la FIU acerca de Cuba ha medido las actitudes hacia las relaciones EE.UU.-Cuba por parte de los cubanoamericanos que viven en el sur de la Florida. A pesar de la controversia que a menudo envuelve a la encuesta, la investigación ha contribuido a la comprensión de la naturaleza cambiante de los cubanos en Estados Unidos. Antes de la Encuesta Cuba, a los cubanoamericanos con frecuencia se les caracterizaba por sus tendencias ideológicas monolíticas “de derecha”. Esta “ideología del exilio” conformó la percepción nacional de la naturaleza de la comunidad cubanoamericana. Los que no eran cubanoamericanos caracterizaban a los cubanos en el área de Miami por sus rasgos políticos: anticastrismo acérrimo, militancia y conservadurismo político. La imagen fue reforzada por su fidelidad abrumadora al Partido Republicano.

En este breve ensayo presento algunos de los resultados de la más reciente encuesta –mayo de 2014– acerca de las opiniones de la comunidad cubana en Miami sobre la política norteamericana hacia la Isla. Comparo algunas de las respuestas claves de encuestas previas, desde 1991, para contextualizar algunos de los cambios en la comunidad durante los últimos veinte años.

Hay cubanos y cubanos

En décadas recientes, la comunidad cubana se ha hecho cada vez diversa. Desde el puente  marítimo del Mariel en 1980 y, más recientemente, la regularización de la inmigración por el Acuerdo de Inmigración de 1995, la población cubana de Miami ha desarrollado características socioeconómicas distintas a las que llegaron con anterioridad. Por ejemplo, los análisis de diferencias de ingresos entre las cohortes de inmigrantes cubanos pre-Mariel, Mariel y post-Mariel reflejan grandes contrastes que indican diferentes modos de incorporación económica  (Portes y Puhrmann). Más sorprendente es el hecho de que después de décadas de una fuerte alianza con el Partido Republicano, estudios recientes señalan un crecimiento cada vez mayor de apoyo al Partido Demócrata y afiliación independiente entre los cubanoamericanos.

La diversidad ideológica de la comunidad también está aumentando. Este cambio es provocado por el flujo de inmigrantes establecidos por los acuerdos de 1995 y el modo bastante inusual de recibir estos inmigrantes, como resultado de la Ley de Ajuste Cubano de 1966. El status legal especial que se brinda a los cubanos obtuvo razones legales el 2 de diciembre de 1966, cuando el presidente Johnson firmó la “Ley de Ajuste Cubano” (CAA) –que estipulaba que “cualquier extranjero que haya nacido en Cuba o sea ciudadano de ese país y que ha sido inspeccionado y admitido o se le ha concedido la entrada bajo palabra a Estados Unidos, con posterioridad al 1 de enero de 1959, y ha estado presente físicamente en Estados Unidos al menos por un año, puede ser ajustado por el Fiscal General a su discreción y bajo tales regulaciones como él pueda decidir para un extranjero admitido legalmente para la residencia permanente…”

En otras palabras, la Ley de Ajuste Cubano establece que cualquier cubano que llegue a territorio norteamericano, aunque sea ilegalmente, y resida allí por dos años (reducido después a un año y así se mantiene), puede recibir el status de residente permanente de Estados Unidos.

Los cubanos son el único grupo de inmigrantes que automática e inmediatamente reciben un permiso de trabajo, no tienen que presentar una declaración jurada de apoyo económico para convertirse en residentes legales, obtener un número de seguridad social y beneficios públicos para alimento y vivienda, ajustan su status sin tener que regresar a su país de origen para recibirlo y no necesita abogado ni dinero para obtener el beneficio de “parole” total. La CAA puede que sea la única ley en vigor en cualquier sociedad moderna que ofrece estos privilegios a un grupo migrante no amenazado con la extinción física.

Esta política ha demostrado ser una “zanahoria” irresistible para los cubanos descontentos con su vida en la isla y brinda un “garrote” significativo al gobierno cubano para usarlo contra Estados Unidos mientras alienta la partida de sus disidentes y descontentos. El resultado de esta política ha sido el flujo constante de cubanos a Estados Unidos durante 55 años. Es este flujo lo que ha cambiado el carácter de la población cubanoamericana, trocando a exiliados en inmigrantes, y está cambiando el paisaje ideológico y político de la comunidad.

El cambio de política bajo los acuerdos de “normalización” de 1994-1995 ha hecho crecer dramáticamente el flujo de cubanos hacia EE.UU., así como ha introducido un cambio importante en las disposiciones de la CAA. Los acuerdos de 1995 comprometían a Estados Unidos a admitir un mínimo de 20 000 cubanos al año y ajustaron la CAA al introducir lo que ha sido llamado política de “pies mojados, pies seos” para desalentar la migración desde la isla.

Bajo la política “Pies mojados/pies secos”, los cubanos que llegan  a las costas de Estados Unidos pueden permanecer en el país –y probablemente ser elegibles al ajuste de la residencia permanente bajo la Ley de Ajuste Cubano, pero los que no llegan a tierra firme pueden ser repatriados, a no ser que puedan demostrar un bien fundado temor a ser perseguidos si regresan a Cuba. Aunque el acuerdo creó una dimensión “ilegal” a la migración que no existía previamente, también normalizó el flujo de migrantes. (El número mínimo de accesos no incluye a los familiares inmediatos de ciudadanos norteamericanos.)

Durante los años de Bush, la migración legal nunca llegó a las cifras acordadas. The Washington Post reportó que en 2003 solo 700 cubanos habían sido admitidos durante el primer trimestre de año. (Washington Post, 2003:A21) A pesar de este hiato, la primera década del siglo 21 fue la más activa en la historia migratoria de cubanos. (Wassem, 2008:15) (Figura 1)

El desplazamiento de la población es importante por varias razones. Como se muestra en la Figura 2, la migración constante desde la Isla desde 1959 ha transformado al condado de Miami-Dade en la mayor área metropolitana de EE.UU. compuesta principalmente de minorías étnicas.

Más de ochenta y cinco por ciento de la población pertenece a un grupo minoritario. Los cubanos se destacan como el mayor grupo minoritario. Más de treinta y cinco por ciento de la población de Miami es cubana. Pero incluso esta cifra minimiza la importancia de la población cubana en el proceso de latinización de Miami. Como se muestra en la Figura 3, los cubanos forman el mayor grupo latino del país; solo otros seis grupos nacionales representan más de dos por ciento del total de los habitantes del condado.

La persistente cubanización de Miami es significativa porque es la fuerza motriz a favor del cambio en el perfil ideológico en el seno de la comunidad, en particular en sus actitudes hacia Cuba y su gobierno. Si tomamos el promedio de las cinco encuestas realizadas durante la década de 1990 y las seis encuestas realizadas desde el 2000, vemos algunas tendencias básicas. La Figura 4 muestra el promedio del apoyo expresado al embargo durante las dos décadas de encuestas y el número aproximado de la población de cubanos en Miami en el momento de las encuestas, según el Buró del Censo de EE.UU. En la década de 1990, cuando el número de cubanos en Miami totalizaba 650 000, un promedio de ochenta y cuatro por ciento de los encuestados apoyaron el embargo.

Durante la próxima década, el apoyo disminuyó hasta un promedio de cincuenta y tres por ciento, a medida que la población de cubanos en Miami aumentaba a 856 000. La Figura 5 muestra un impacto similar de  densidad poblacional acerca del apoyo expresado a los viajes sin restricciones a Cuba por parte de todos los norteamericanos, a medida que el apoyo aumentaba de 43 a 58 por ciento. La densidad de la diáspora cubana, alimentada por los recién llegados, parece ser un factor importante en el cambio del perfil ideológico de la comunidad.

Los cambios en las actitudes de la comunidad hacia la Isla pueden verse claramente cuando se comparan las respuestas de las encuestas durante las dos décadas y media. La Figura 6 presenta el debilitamiento del apoyo al embargo durante este período. La importancia de la demografía en este cambio es evidente en la Figura 7, proveniente de la encuesta de 2014. Aquí vemos puntos de vista conciliatorios expresados con más frecuencia por parte de los recién llegados (desde 1995) y la generación más joven de la diáspora cubana. Es también importante la tendencia de los electores en esta y otras figures. Los electores son inmigrantes que llevan más tiempo en EE.UU. Sus actitudes tienden a ser más consistentes con las características de la clásica “ideología del exilio” en su resistencia a la reconciliación. Sin embargo, los recién llegados reflejan actitudes más conciliatorias.

En otra publicación he explorado la naturaleza simbólica del apoyo al embargo, y esta dimensión de la característica asociada a menudo con un enfoque “extremista” de las relaciones EE.UU.-Cuba se evidencia en la encuesta de 2014, cuando consideramos cuán eficaz consideran los encuestados que es el embargo. Como muestra la Figura 8, una mayoría abrumadora de cubanos en Miami (ochenta por ciento de migrantes posteriores a 1995) cree que el embargo no ha funcionado bien o no ha funcionado de manera alguna. Quizás debido a esta creencia acerca de la ineficiencia del embargo, una gran mayoría de cubanoamericanos está dispuesta a usar el embargo como negociación para otras políticas que pudieran ser más efectivas para promover cambios en la Isla. Cincuenta y ocho por ciento están dispuesto a votar por un candidato que proponga reemplazar el embargo con una política que incremente el apoyo a propietarios de pequeños negocios en Cuba (Figura 9), y ochenta y un por ciento está dispuesto a apoyar a un candidato que idee una manera de aumentar la presión sobre el gobierno cubano acerca de las preocupaciones por los derechos humanos, como reemplazo de la política del embargo. (Figura 10.)

El controvertido tema de los viajes también responde a presiones migratorias, como muestra la línea de tendencia. (Figura 11.) En 2014, aproximadamente sesenta y nueve por ciento de los cubanos en Miami apoyaron los viajes para todos los norteamericanos, sin restricciones. (Figura 12.) Los recién llegados están más interesados en restaurar la libertad de viajar para todos los residentes en Estados Unidos.

La mayoría de la población apoya un cambio importante en la política diplomática hacia la Isla. Un aproximado de 68% apoyó el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con el gobierno cubano. Jóvenes cubanos, así como recién llegados y cubanoamericanos, son los más convencidos de este cambio. (Figura 13.) Cuando se pregunta a los electores inscritos si votarían por un candidato que apoye el establecimiento de relaciones diplomáticas, la mayoría de los cubanoamericanos jóvenes y de los recién llegados respondieron que les gustaría hacerlo. (Figura 14.)

Las remesas son un factor importante de la relación diáspora/tierra natal. Las Figuras 15 y 16 presentan a los encuestados categorizados por la cantidad anual que envían a los familiares en la Isla y el momento de llegada a EE.UU. Una vez más vemos la importancia de los nuevos inmigrantes en las transacciones económicas. Los recién llegados envían más remesas que ninguna otra categoría (65%) y envían una cantidad promedio anual mayor que los otros grupos –31% envía más de $1 000 dólares al año. (Figura 16.) Este compromiso con el desarrollo de la economía cubana se refleja también en actitudes hacia nuevas oportunidades de inversión en la Isla, creadas por los cambios económicos estructurales que suceden en Cuba. Un número significativo de cubanoamericanos muestra un deseo de apoyar y aprovechar las oportunidades de inversión en la Isla. (Figuras 17 y 18.)

Finalmente, las figuras 19 y 20 presentan los datos más importantes del proceso de cambiar la política nacional hacia Cuba. Aunque el Partido Republicano, considerado tradicionalmente como el más intransigente hacia un cambio de política, está disminuyendo su control absoluto sobre los electores cubanoamericanos (Figura 21), los recién llegados no están representados en el registro de electores en número suficiente como para desempeñar un papel importante en alterar la política hacia Cuba. Solo 31% de los recién llegados se han hecho ciudadanos. Sin embargo, una vez que son ciudadanos, los que menos tiempo llevan aquí siguen el patrón de oleadas previas y se inscriben para votar: 83% de los elegibles llegados después de 1995 están inscritos.

Conclusión

Cualquier síntesis de las Encuestas de Cuba arriba a la misma conclusión: los cambios demográficos están forzando los cambios ideológicos de la comunidad cubana en Miami, pero los cambios ideológicos no se reflejarán en la elección de políticos que reflejan estos cambios, hasta que nuevas oleadas de inmigrantes se unan a la segunda generación de cubanoamericanos para expresar sus deseos en las urnas. Cuando esto suceda, la ideología del exilio cederá el paso a una nueva ideología basada en el reconocimiento de que la diáspora cubana es una extensión de la nación, con responsabilidades y deberes para con el desarrollo cultural, económico y político no solo del condado de Miami-Dade, sino en Cuba.

Esto es importante, porque las tendencias pudieran ser una señal del fin de la propensión de ver a la comunidad como ideológicamente monolítica e intransigente, y el surgimiento  de la “nueva ideología transnacional de la diáspora”, diseñada para establecer y mantener relaciones con la Isla. Si es cierto que la vieja ideología del exilio ha ejercido una gran influencia no solo en el desarrollo de una comunidad inmigrante, sino también en la política exterior de Estados Unidos, los abanderados de la nueva ideología tendrán un poder similar.

Al igual que Reagan movilizó a la comunidad cubanoamericana en la década de los 80 alrededor de la empresa nacional de destruir al “imperio del mal” de la Unión Soviética, la comunidad cubana contemporánea puede ser movilizada por el empeño más creador de contribuir con el  desarrollo de la Cuba del siglo 21. Sin embargo, independientemente de las acciones de instituciones, los cubanos del área de Miami están cambiando, y para ellos la única opción es un futuro con vínculos permanentes con la Isla

*El doctor en Ciencias Guillermo J. Grenier es profesor de Sociología y director del Programa de Post Grado del Departamento de Estudios Globales y Socioculturales en la Escuela Internacional de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad Internacional de la Florida.

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Publicado el 13/01/2015 en Política y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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