¿Cuán difícil sería eliminar el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba?


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¿Cuán difícil sería eliminar el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba? Como consecuencia de la Ley Helms-Burton, el hecho de que la decisión final dependa de una institución tan diversa como el Congreso, podría convertir el asunto en un laberinto de proyectos y votaciones. Pero aunque hay consenso en que no será fácil, el tema ya se está mo­viendo en los pasillos del Capitolio.

El pasado 12 de febrero, la demócrata Amy Klobuchar presentó en el Senado un proyecto legislativo bipartidista que propone eliminar las restricciones al bloqueo referidas al co­mercio, los viajes y la transportación marítima.

Los copatrocinadores de la iniciativa son sus colegas demócratas Debbie Stabenow, Patrick Leahy y Dick Durbin, junto a los republicanos Mike Enzi y Jeff Flake.

Anteriormente, otra coalición bipartidista de ocho senadores introdujo un proyecto de ley para eliminar las restricciones de viajes a la Isla, pues solo el Congreso puede permitir que los estadounidenses hagan Turismo en Cuba.

Los padres originales de esa iniciativa son los senadores demócratas Patrick Leahy, Dick Durbin, Tom Udall y Sheldon Whitehouse, junto a los republicanos Jeff Flake, Jerry Mo­ran, Mike Enzi y John Boozman.

El compromiso de demócratas y republicanos no necesariamente garantiza un recorrido fácil en el Congreso. Recordemos, por ejemplo, que el proyecto de reforma migratoria fue elaborado por un grupo bipartidista de ocho senadores, y desde hace más de un año está estancado en la Cámara de Repre­sentantes.

Sin embargo, el hecho de que tanto demócratas como republicanos apoyen iniciativas de ese tipo, apenas dos meses después del 17 de diciembre, indica que hay muchos intereses —los que esos congresistas representan—, presionando o haciendo lobby para promover el cambio en la política hacia Cuba.

¿Pero cuán difícil es el recorrido de un proyecto de ley en el Congreso estadounidense? Las iniciativas deben recorrer un camino complejo antes de llegar a la mesa del Pre­sidente para su ratificación definitiva.

Los proyectos de ley atraviesan diferentes niveles de aprobación, tanto en la Cámara de Representantes (cámara baja) como en el Senado (cámara alta). Los subcomités, los comités y luego el pleno de ambas cámaras, deben dar el visto bueno.

En el caso de la iniciativa de la senadora Klobuchar, está referida para su análisis al co­mité de Banking, Housing, and Urban Affairs (Banca, Vivienda y Asuntos Urbanos).

Así, al menos, no deberá pasar por el Co­mité de Asuntos Exteriores, donde hay legisladores tradicionalmente opuestos a cualquier cambio con respecto a Cuba, como Bob Menéndez y Marco Rubio.

Cuando el proyecto de ley llega al Comité propuesto, este puede reescribirlo de forma íntegra, o incluso negarse a analizarlo. Solo si es aprobado por el Comité pasa a discusión en el pleno.

Una vez en el pleno, los jefes del partido de la mayoría —en este caso los republicanos—, deciden las prioridades políticas para ser analizadas por ambos hemiciclos congresionales.

El escenario es aún más complejo en la Cámara de Representantes, pues el partido ma­yoritario elige al Speaker (vocero), que pre­side las sesiones y tiene la potestad de de­cidir qué proyectos de ley son discutidos.

Cada proyecto debe ser aprobado tanto por la Cámara como por el Senado, que si­guen casi los mismos pasos para su análisis, aunque no necesariamente lo hacen de forma simultánea, lo cual puede demorar también el proceso.

Si al final del camino las versiones del proyecto de ley de ambas Cámaras no coinciden, se convoca al Comité de Conferencias para que concilie las propuestas, y los resultados son devueltos al Senado y la Cámara de Re­presentantes.

Finalmente, para que un proyecto sea enviado al Presidente para su firma y conversión en ley, es preciso que tanto la Cámara de Representantes como el Senado lo aprueben en el transcurso de los dos años que dura el periodo de sesiones.

La decisión de Obama de avanzar en la normalización de las relaciones cuenta con el apoyo de muchos congresistas, la mayoría de la opinión pública estadounidense —como han probado recientes encuestas— y poderosos sectores económicos.

Así, los estadounidenses que sueñen con viajar a Cuba para hacer turismo o comerciar con nuestro país, tendrán que esperar a ver si sus representantes en el Congreso ponen los intereses de la mayoría por encima de las ambiciones personales de los que en esa entidad legislativa responden a la industria anticubana.

* Especialista del Centro de Estudios He­misféricos y sobre Estados Unidos (Cehseu), de la Universidad de La Habana

Publicado el 27/02/2015 en Política y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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