Ritmo cubano en el Mardi Grass


.

Nueva Orleáns, en el estado de Luisiana, al sur de los Estados Unidos, es uno de los centros culturales de mayor importancia del país, famosa por su sorprendente diversidad cultural, fruto de las influencias españolas, francesas, caribeñas que se fueron mezclando a lo largo de los siglos y hoy se expresan en su arquitectura, sus costumbres, su rica herencia culinaria, la mística del vudú, o en festividades tan extraordinarias como el Mardi Grass. Sobre todo, Nueva Orleáns es jazz, una música que inunda casi cada momento de la vida de sus pobladores, y desde hace mucho tiempo ha desbordado los límites geográficos de la región para atrapar al mundo.

Por eso, por tanta riqueza cultural acumulada y conservada con orgullo por muchos de sus habitantes dolió tanto el destrozo provocado por la ruptura de los diques, al paso del huracán Katrina. Casi diez años han pasado desde entonces, y la ciudad poco a poco se recupera para comenzar a recobrar  su condición de puerto marítimo de gran envergadura, entre los más importantes en los Estados Unidos. Nadie sabe cuán beneficiosa combinación podría gestarse con nuestra zona de desarrollo especial del Puerto del Mariel.

El pasado sábado 14 de marzo de 2015, un grupo de residentes en Nueva Orleáns inauguró el puente aéreo entre esta mítica ciudad y La Habana, cargada también de leyendas y mitos.

Lo más curioso del asunto es que los nexos culturales entre estas dos ciudades se remontan al siglo XIX, y se expresan también a través de la música, según varios testimonios recogidos de grandes personalidades de la época, como el pianista Jelly Roll Morton, considerado uno de los patriarcas del dixieland, un género dentro del jazz que nace de la confluencia de expresiones propias del ambiente que rodea la ciudad sureña, e incluía eso que él definía como el spanish tinge. Ese “toque español” que solía aparecer en sus interpretaciones, con la acentuación rítmica de las famosas habaneras.

Iniciado el siglo XX las orquestas típicas que le dan vuelo al danzón en Cuba, con un formato instrumental muy parecido a las bandas del dixieland, hacen sus primeras grabaciones entre 1905-1907 con algunas compañías norteamericanas. De esta manera se introduce el entonces popularísimo ritmo cubano al mercado estadounidense y en particular a sus músicos, para influir en las interpretaciones de muchos de ellos, como comenta el Dr. Díaz Ayala al resaltar la similitud del papel del cornetín –o luego de la trompeta–, trombón y clarinete en las grabaciones de la Original Dixieland Band de 1917.

Avanzando un poco más en el tiempo, entre las influencias mutuas de estilos y formas musicales no puede faltar un personaje a quien durante un tiempo algunos calificaron de leyenda, aunque hoy su existencia es innegable: Manuel Pérez (La Habana, 1863- Nueva Orleáns, 1946), un cubano, mulato y excelente músico que se ha enraizado en la historia del jazz de Nueva Orleáns.

Muy joven emigró a esa ciudad y su primer trabajo tras haber perfeccionado la trompeta con Sylvester Coustaut, fue en la orquesta de baile de John Robichaux en el Antoine`s Restaurant en 1895. Luego ingresó en la Onward Brass Band –la mejor banda que había escuchado en su vida, según contaba el gran Louis Armstrong– que estuvo en Cuba como banda militar en la época de la guerra hispano cubano norteamericana. Andando el tiempo, nuestro Manuel fue director de la Imperial Orchestra y la Creole Band; tocó también en Chicago y otras ciudades, y a su regreso en 1923 dirigió su propia banda: la orquesta de Manuel Pérez.

Ahora, en este siglo XXI, mucho más luego de la reanudación de relaciones entre los dos países, continuará el intercambio cultural. Ya veremos a habitantes de esta ciudad paseando por nuestras calles habaneras, cargando consigo su herencia cultural, sus personajes al estilo Louis Armstrong, Truman Capote y Anne Rice y llevando en el viaje de regreso a Lezama Lima, Carpentier, Benny Moré y nuestra rica tradición cultural.

Se ha adelantado en la confrontación civilizada que es inevitable que exista entre naciones que defienden modos económicos y sistemas políticos diferentes; pero que están obligadas a demostrar una forma civilizada y digna de discutir y tolerar sus diferencias sin que implique concesiones.

Esperemos que se estrechen los lazos entre los dos pueblos, y que surjan y se multipliquen nuevos encuentros teóricos, de músicos y tradiciones. Aunque me digan soñador, sigo alimentando la esperanza de ir algún día a un Mardi Grass, y divertirme a más no poder mientras arrollo detrás del  Cocoyé o Los Guaracheros de Regla, lo que pondría una linda nota cubana a esos famosos carnavales.

Fuentes bibliográficas:

Cristóbal Díaz Ayala: Cuando Salí de La Habana, 1898-1997: Cien años de música cubana por el mundo, Fundación Musicalia, 1998.

Radamés Giro: Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2002.

Tony Pinelli es músico cubano.

Ritmo cubano en el Mardi Grass

Publicado el 25/03/2015 en Cultura y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: