Cuba en el Capitolio, algunas observaciones


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Mientras que el drama público de las negociaciones diplomáticas EE.UU.-Cuba ha sido ampliamente reportado y continúa dominando los ahora atenuados titulares acerca de Cuba,  un camino tranquilo –pero a la larga un conjunto de eventos estratégicamente más decisivos– ha comenzado a desarrollarse en el Senado y la Cámara de Representantes en relación con el cambio de política.

Ha habido tres audiencias congresionales, una en la Cámara de Representantes y dos en el Senado. La más reciente tuvo lugar en el pleno del Comité Senatorial de Relaciones Exteriores, tan solo un día antes de la última ronda de negociaciones. Hay ahora más de dos docenas de proyectos de ley presentados en ambas cámaras que están relacionados con la nueva política, tanto a favor como en contra, y puede esperarse que la cifra aumente. De los proyectos favorables, dos parecen tener las mayores probabilidades de ser aprobados, y son lo que hasta ahora han recibido la mayor atención.

Uno pide la libertad de viajar a Cuba para todos los ciudadanos norteamericanos; el segundo hace un llamado a una mayor libertad para comerciar con Cuba. El primero atrae más atención pública porque es acerca de la libertad de viajar, un derecho norteamericano por excelencia, y también porque tiene el apoyo de una escasa mayoría de los miembros del subcomité del Senado que atiende asuntos del Hemisferio Occidental (10 de los 19), así como 36 copatrocinadores, un número nada insignificante para el Senado. El segundo es el centro de un esfuerzo de cabildeo muy visible, activo y supuestamente bien financiado por parte de muchos de los más importante sectores de la industria agrícola norteamericana: pide la eliminación de las restricciones al comercio en productos agrícolas de y hacia Cuba. Se debe también señalar que un gran número de representantes de negocios agrícolas continúan visitando la Isla desde el anuncio del cambio de política. Por el contrario, los proyectos de ley en contra del cambio de política hasta ahora no han obtenido un gran apoyo político visible o mucha atención del público o los medios, aunque aún es demasiado temprano para hacer pronósticos acerca de ellos.

Este comentario esboza solo unos pocos aspectos de las más recientes audiencias de todo el Comité Senatorial de Relaciones Exteriores. La selección de esta audiencia se hace por varias razones. Una es que todos los indicios sugieren que si cualquiera de los proyectos favorables tienen alguna oportunidad de éxito,  sucedería en el Senado. Es más, una de las primeras audiencias en el pleno del Comité de la Cámara de Representantes para los Asuntos Exteriores revelaron que, al menos en el presente, hay poco apoyo de importancia en esa cámara al cambio de política de la administración, un tema que merece su propia discusión aparte.

La segunda razón es que la audiencia inicial en el Senado tuvo lugar en el Subcomité a cargo de Asuntos Hemisféricos, presidido por el senador Marco Rubio, un cubanoamericano que se opone con vehemencia a los cambios políticos; y es justo decir que el enfoque de este órgano fue relativamente estrecho. Su propósito pareció ser fundamentalmente exhibir a unos pocos disidentes de la Isla, los cuales, irónicamente, regresaron a seguir una vida normal en Cuba después de hacer su declaración.

Sin embargo, es de señalar que el testimonio en esa audiencia por parte del señor Malinowski, subsecretario de Estado para el Buró de Democracia, Derechos Humanos y Asuntos Laborales, brindó un muy claro contraste de las diferencias tácticas entre el senador Rubio (y su colega cubanoamericano en el Senado, Robert Menéndez), y la administración acerca del amplio escenario de derechos humanos y democracia. Rubio y Menéndez continúan insistiendo en precondiciones antes de tomar cualquier medida que ellos consideran son “concesiones” a Cuba, mientras que la administración argumenta a favor de medidas unilaterales porque las considera estratégicamente en favor del interés nacional de EE.UU. y en definitiva con más probabilidad de provocar cambios en Cuba.

Su testimonio también se centró en las esperadas ventajas geopolíticas del cambio de política, el cual supuestamente hará que se transfiera la culpa que ha estado dirigida a EE.UU. debido a su trato a Cuba, a un examen más crítico de las supuestas deficiencias de Cuba por parte de muchas naciones del hemisferio y del mundo acerca de temas de democracia y derechos humanos. Este tema también desempeñó un  papel muy prominente en las audiencias senatoriales más recientes, tal como se describe más adelante.

Entonces, ¿qué podemos sacar en conclusión de esta última audiencia del Senado, donde los testigos fueron la señora Jacobson y su colega Thomas Shannon, consejero del Departamento de Estado? Estas son algunas observaciones.

Primero, hubo una notable diferencia de tono entre las preguntas del senador Corker, presidente republicano del Comité Senatorial, y las del representante Royce durante la audiencia, aproximadamente equivalente, en la Cámara de Representantes a principio de febrero. El tono del señor Royce y su claro mensaje fueron muy críticos de la administración, centrándose negativamente en la esencia de los cambios de política, así como en la supuesta falta de transparencia de la administración mientras realizaba las negociaciones con Cuba antes del anuncio. Por el contrario, mientras que el señor Corker hizo un número de preguntas escépticas a los testigos, lo hizo de una manera que les permitía describir cuidadosa y persuasivamente la lógica tras los cambios de política.

Él no cuestionó la buena intención de la administración, ni siquiera mencionó el asunto de las negociaciones secretas. Aunque puede que algunos vean en esto una simple diferencia de estilo o de personalidad entre estos dos presidentes republicanos de comités, para este observador pareció más que el senador Corker estaba lanzando al flojo a los testigos, bajo la guisa de una esperada crítica, de manera que ellos pudieran dar  un batazo fuera del parque.

Es más, uno pudiera estar de acuerdo que las preguntas del demócrata de mayor nivel, senador Cardin, quien es copatrocinador del proyecto de ley de los viajes, parecieron al menos tan implacables con Cuba como las del señor Corker. Sin embargo, Cardin copatrocina el proyecto de ley para eliminar todas las restricciones a los viajes a la Isla y se pronunció explícitamente a favor del cambio de política. El enfoque del señor Corker estableció un  contexto general a la audiencia que fue definido por una presentación muy elegante y coherente de las razones de la política por parte de la señora Jacobson, subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, la cual ella y el señor Shannon pudieron reiterar durante toda la audiencia.

Segundo, quedó claro que,  dejando a un lado algunas de las declaraciones y preguntas más estridentes por parte de los senadores Rubio y Menéndez, el debate fue en realidad acerca de la táctica, no de los objetivos fundamentales. Ambas partes del debate, según  las palabras de los senadores Corker y Cardin, así como del senador Flake (otro patrocinador republicano del proyecto de ley para los viajes) y el senador demócrata Boxer, para citar unos pocos ejemplos representativos, hicieron énfasis repetidas veces en que los cambios fundamentales en el sistema político, económico y social cubano eran el objetivo común –aunque nadie utilizó explícitamente la frase “cambio de régimen”.

La única diferencia es que una parte está persuadida de que el acercamiento es la manera de lograr estos objetivos –después de más de cinco décadas de una fracasada política de línea dura– mientras que la otra continúa favoreciendo precondiciones que requerirían que Cuba ceda terreno en cuanto a su sistema, algo que la Isla ha rehusado hacer consistentemente y continúa asegurando que no hará. Sin embargo, muchos aspectos del contexto son nuevos. Algunos de los más importantes son, primero, que por primera vez una administración está dando pasos decisivos basados en la premisa del acercamiento. El período de Carter es un poco excepcional, pero fue mucho más tímido y prácticamente moría al nacer después de que se establecieron las secciones de intereses.

Segundo, que Cuba está realizando algunos cambios, por decisión propia, que están más de acuerdo con nociones de una economía de mercado, como la avizora EE.UU. y potencialmente crea un mayor terreno común  o espacio para la colaboración. Y tercero, pero apenas el menos importante, el entorno geopolítico en el hemisferio ha aislado en realidad a EE.UU., no a Cuba, y era necesario un cambio para tratar de retomar el manto del liderazgo hemisférico –¿o será el manto de la hegemonía?

Ciertamente un aspecto notable de la audiencia fue el fuerte énfasis que la administración hizo en estas ventajas geopolíticas del cambio de política, mucho más allá de la relación bilateral con la Isla. En particular, el testimonio y respuestas del señor Shannon enfatizaron con fuerza que el cambio de política ya está eliminado un “irritante” que había conformado que el debate hemisférico se centrara en lo que EE.UU. estaba haciendo injustamente con Cuba, en vez de en las deficiencias del propio sistema de Cuba. En su opinión, la marea ya está cambiando y numerosos gobiernos hemisféricos están dispuestos a unirse a EE.UU. –y cada vez más lo harán– para enfrentarse a Cuba en temas de derechos humanos y democracia, y unirse a EE.UU. en el objetivo común de cambiar el sistema económico, político y social de Cuba para convertirlo en uno más acorde con el sistema y consenso “panamericano”.

Como ejemplo de este impacto geopolítico, citó el hecho de que durante la reunión oficial de la sociedad civil de la reciente cumbre, los presidentes de Costa Rica y Uruguay, junto con el presidente Obama, participaron en una reunión donde dos disidentes cubanos estaban presentes, algo que, en su opinión, no podría haber ocurrido antes del cambio de política. El señor Shannon hasta se refirió a que la ventaja geopolítica de la nueva política cambia la marea en contra de los nuevos agrupamientos que recientemente han excluido a EE.UU. y que por lo tanto son perjudiciales estratégicamente a EE.UU., mencionando en específico a la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) como un ejemplo, y contrastándolo con la indudable debilidad del consenso “panamericano”, como se evidencia en la seria condición, aunque no crítica, de la Organización de Estados Americanos.

Aunque solo sea como un aparte irónico, también fue interesante que el senador Perdue, de Georgia, quien se posicionó fuertemente en contra del cambio de política, representa al estado que fue líder en el comercio de productos agrícolas con Cuba en 2010 –y probablemente aún en 2015– y es también el estado líder de EE.UU. en la producción de productos avícolas. El pollo congelado fue y sigue siendo la mayor y más consistente importación desde EE.UU. También una porción considerable de los productos agrícolas exportados a Cuba se hizo por Savannah, otro beneficio económico para el estado.

Por tanto, parece que la posición del senador Perdue es contraria al menos a algunos de los intereses económicos importantes de su estado. ¿Lo hará esto susceptible a los argumentos del lobby agrícola a favor de eliminar el embargo, al menos parcialmente? El tiempo lo dirá.

Pero otro punto interesante fue hasta dónde llegaron los amargos ataques de los senadores Rubio y Menéndez contra cualquier disminución de las restricciones a los viajes. Esto dejó en claro que el elefante en la habitación es el proyecto de ley acerca de los viajes, el cual ya tiene un apoyo mayoritario en el subcomité que preside el senador Rubio y cuenta con 36 copatrocinadores en el Senado (y siguen aumentando). Queda claro que los oponentes lo consideran la principal amenaza legislativa proveniente de los seguidores de la política, quizás el salidero que pudiera destruir la represa del embargo.

El senador Rubio, y en gran medida el senador Menéndez también, gastaron gran parte de sus municiones retóricas en este tema, por ejemplo, mediante la repetida aseveración de que gran parte, sino todo, del dinero proveniente del aumento de los viajes, iría a parar a manos de los militares cubanos, mientras que los testigos y los senadores favorables al cambio político hicieron énfasis en que los beneficios del incremento de contactos entre ciudadanos norteamericanos y cubanos de todos los estratos superarían en mucho la ganancia económica del gobierno cubano. El otro factor que, a los ojos de este observador, también hizo daño a la causa de Rubio y Menéndez fue la actitud mordaz e incluso irrespetuosa que adoptaron hacia los testigos. Por ejemplo, el senador Menéndez formuló repetidamente sus preguntas con la frase “¿quiere usted hacer creer a este comité…?”, sugiriendo que los testigos estaban, en el  mejor de los casos, tratando de engañar a los senadores o taparles el sol con un dedo.

Estas son sólo impresiones dispersas, no de manera alguna una revisión completa de esta audiencia o de las anteriores, así que probablemente deben terminarse con un poco de realismo. Las probabilidades en el Capitolio siempre son impredecibles, más aún en el actual entorno político e incluso para aquellos que respiran a diario ese aire viciado. Y los expertos sin duda dirían que la posibilidad de alcanzar un compromiso bipartidista acerca de cualquier tema de Cuba es nula.

Aunque la propuesta legislativa que apoya el cambio de política con mayores probabilidades de algún éxito probablemente sea el proyecto senatorial de ley para eliminar restricciones a los viajes a Cuba, una página web que pretende estimar las posibilidades de aprobación del proyecto le da solo un 11% de éxito, mientras que solo da 6% a la propuesta de eliminar las restricciones al comercio con la Isla, a pesar del fuerte apoyo del lobby agrícola. Por otra parte, se dice que una propuesta en la Cámara de Representantes que exigiría severas precondiciones a Cuba antes de que se efectuaran cualesquier cambios a las leyes del embargo tiene una oportunidad de 19%. Así que las probabilidades de cambios que suavizarían la legislación existente acerca del embargo  parecen ser pocas, pero después de la sorpresa del anuncio del 17 de diciembre por la administración, ¿quién puede estar seguro?

(*) Manuel R. Gómez es el nuevo corresponsal de Progreso Semanal en Washington, D.C.

Foto de portada: El Senador republicano por Wisconsin, Reid Ribble, escucha a Roberta Jacobson, secretaria asistente para los Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, mientras esta responde preguntas sobre la nueva política EE.UU.-Cuba.

Traducción de Germán Piniella.

Tomado de Progreso Semanal

Publicado el 27/05/2015 en Política y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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