Incertidumbre e ilusión ante un nuevo tiempo


BanderaCuba-Usa

Por: Pastor Gato Cisneros

A seis meses en que los presidentes de Cuba y EEUU anunciaran el restablecimiento de relaciones diplomáticas, en el XXV aniversario de la caída del muro de Berlín y en el día de San Lázaro, aún coexisten incertidumbres e ilusiones para los cubanos de adentro y de afuera. Desde una perspectiva optimista, es uno de los diferendos más importantes que se hayan resuelto en los últimos años del siglo XX y XXI, junto al reciente acuerdo EEUU-Irán, y particularmente, para Latinoamérica, cierra las puertas de la Guerra Fría.

El augurio de «que Cuba se abra al mundo con todas sus magníficas posibilidades, y que el mundo se abra a Cuba» del pontífice Juan Pablo II, se cumplió gracias a la mediación de la autoridad moral del Papa Francisco, así como el llamado de las reiteradas votaciones de la inmensa mayoría de los países de todo el mundo en contra del bloqueo, indudablemente que todo coadyuvó a que se produjera este histórico encuentro que llevaba más de medio siglo.

La convivencia entre ambos países viene desde finales del siglo XVIII-XIX. Ya en 1809 el presidente Thomas Jefferson, le propuso a la Corona española comprar la isla y desde entonces no ha habido un momento en que ambos países no estuvieran imbricados en acontecimientos disímiles. Ante estas circunstancias, deberíamos preguntarnos, ¿este restablecimiento de relaciones diplomáticas con el enemigo histórico de la Revolución cubana mejorará la vida del arrostrado pueblo cubano? Si, a pesar de las amenazas líquidas y de inseguridad que presentan la ansiedad y el miedo, conocido como el estrés de riesgo, consecuencia de los discursos históricos de constantes enfrentamientos en el terreno militar, político y económico por los EE UU hacia Cuba, y de esta hacia el yanqui imperialista y que ha sido de profundo conocimiento y receptividad por el pueblo cubano.

Igualmente, es complicado y complejo pasar de enemigo histórico a amigo y socio; el pueblo cubano necesita también estabilizar sus relaciones emocionales con el pueblo estadounidense, pues somos pueblos vecinos, muy cercanos y que durante mucho tiempo estuvimos separados.
El resentimiento y la incertidumbre tiene que dar paso al reto y a la ilusión, como lo interpretaron los líderes Ho Chi Minh y Mandela en sus respectivos países: «El verdadero enemigo está en la incapacidad de adaptación a las nuevas amenazas y retos, como son el medio ambiente, el calentamiento de la tierra, la solidaridad, en la cual Cuba es un verdadero ejemplo, el hambre, la miseria entre otras». Fray Betto lo decía: «La diferencia está entre los que comen y los que no comen». Ante un mundo globalizado y digitalizado.

La época del dogma radical no puede seguir siendo un impedimento para unos ni otros, conocer que el mundo ha cambiado, que se han modificado las formas de vida, ideas, que se puede edificar una sociedad abierta, libre, incluyente y permisiva con los defectos y dificultades que tienen ambos sistemas. Es cierto también que el Gobierno cubano ha estado negociando con un todopoderoso bajo la influencia de un grupo de cubanos estadounidenses a favor del bloqueo y contra la reanudación de relaciones diplomáticas, pero por suerte cada día estos son menos. Igualmente, se desconoce los efectos que pueda causar el mercado en la economía y medio ambiente cubano, pero el conocimiento en planificación pudiera contribuir a adoptar medidas certeras de prevención y control por el bien del pueblo.

Independientemente de las pretensiones del Gobierno de los EE UU; Cuba tiene que encontrar su propio camino dentro de este nuevo escenario para disminuir las desigualdades, abrir mayores oportunidades, intensificar su lucha contra la corrupción, mejorar su justicia ambiental y eliminar las irresponsabilidades de las retóricas políticas pasadas que no pueden ser el discurso de las nuevas circunstancias, pero que a su vez, tampoco puede ser un consuelo, no previsto en el proceso revolucionario, pero sí previsible en el reciente sostenible programa del partido.
El restablecimiento de relaciones con Cuba, zanjó una vieja herida de Estados Unidos hacia América Latina y La Habana ganó la batalla diplomática a Washington a través de América Latina. Ha sido un acuerdo ganar-ganar.

Lo que sí es cierto es que el paso dado por los dos presidentes es trascendental e irreversible, responde a una llamada de ambos pueblos y a la enseñanza de Mandela cuando en 1993, junto a De Klerk, al recibir el Premio Nobel señaló: «Para firmar la paz con un enemigo uno debe trabajar con ese enemigo, y ese enemigo se hace socio de uno». «Para negociar y firmar la paz con el enemigo no se le debe debilitar, porque hace más débil las cosas». Cuba y EE UU están obligados a entenderse por el bien de los pueblos cubano y estadounidense.

Publicado el 22/07/2015 en Cuba, EEUU, Política y etiquetado en , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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