Un guantanamero en la misa del Papa


Cuando Conrado Monier hizo los arreglos musicales y la orquestación de varios temas de la misa que ofició el Papa Benedicto XVI en la Plaza de la Revolución José Martí de la Habana, el 28 de marzo de 2012, ya era reconocido como el maestro que es en Cuba y en algunos lugares del mundo.

Su música, como arreglista, compositor y genio de las versiones corales, integra el repertorio de cientos de coros en todo el mundo, desde Chile hasta los Estados Unidos, Italia y España.

Es profeta en Cuba. Su mano está detrás de premios Cubadisco, la historia de los Festivales infantiles Cantándole al Sol y las bandas de concierto, tantos discos que no puede contar, algunos de verdaderos íconos como Compay Segundo, para quien arregló temas para su grupo y la orquesta sinfónica Citta Ferrara de Italia.

También es director y arreglista de Sugerencia, un grupo de música popular cuyo nombre no trasciende demasiado dentro del entramado local, pero con el que hay que contar por la excelencia con que interpreta los géneros cubanos, sobre todo, de autores guantanameros.

Pero, sea como fuere, no todos los días traen la oportunidad de hacer música para una figura de la influencia de un sumo pontífice.

Nexos hasta la Habana

Cualquier conversación con Conrado Monier tiene que ser, también, con Carmen González, su esposa desde hace más de una década, pianista, e historiadora de su obra. Ella hace las precisiones de nombres, coros, fonogramas, fechas.

Esta historia de un guantanamero –excepcional, con dotes únicas para arreglar música y hacerlo sin equivocaciones, en tiempo récord, pero guantanamero al fin y al cabo-  que llega a ser el arreglista de una misa dedicada al líder de la iglesia de Roma, dice Carmen, comenzó a tejerse hace más de cuarenta años, cuando conoció a Alina Orraca.

A la derecha, Conrado Monier; a la izquierda, Orlando Vistel y al centro, Carmen González, junto a dos cantantes del coro.
A la derecha, Conrado Monier; a la izquierda, Orlando Vistel y al centro, Carmen González, junto a dos cantantes del coro.

Con ella al frente, el Coro de la Escuela Nacional de Arte obtuvo el segundo lugar en el Concurso de Viena en 1979, con arreglos de Monier sobre obras corales cubanas. Durante todos estos años buena parte de las partituras del repertorio de la Scola Cantorum Coralina han tenido su firma, así que cuando a Alina Orraca se le pidió que organizara y dirigiera la misa, en colaboración con el cardenal Jaime Ortega Alamino, como había hecho anteriormente para Juan Pablo II, y “arreglos bien hechos y que estuvieran listos rápido”, ella solo pensó en un nombre.

Lo llamó el mismo día, le preguntó si alguna vez había arreglado para orquesta sinfónica, y con el sí del guantanamero, quedó pactada la colaboración. Dos días después, Conrado Monier estaba en la Habana, en un cuarto que Alina arregla para él con todo lo necesario para que “no moleste a nadie cuando me levante a trabajar, que puede ser a cualquier hora”.

En menos de una semana, el músico ya había entregado a la directora las partituras de cuatro temas de una misa del compositor cubano ya fallecido Alfredo Levy: la canción Señor, ten piedad, la guaracha mezclada con habanera Santo, el punto cubano Cordero de Dios y Gloria, una mezcla de bolero, criolla, guajira y zapateo que finalmente se excluyó de la misa, que se realizó casi en Semana Santa.

Además de sus arreglos, se usaron partituras del compositor cubano y presbítero Jorge Catasús, y otras del austriaco Mozart, el italiano Gregorio Allegri, y el francés Cesar Franck.

“Mi trabajo, precisa Monier, fue llevar los temas de Levy, creados para dos voces y piano, a una partitura para ser cantada por cuatro voces y una orquesta sinfónica. A veces se confunde y se dice que la cubanía de esos textos es de mi autoría. La cubanía ya estaba ahí, yo sólo la magnifiqué”.

Conrado habla del tema tan tranquilamente como se lee. Conrado no cree en Dios. Entiende empero la importancia de que su obra se incluyera dentro de aquella misa, a la que asistió desde la carpa donde se situó a la prensa internacional y varios invitados, pero sin la devoción que mueve a miles de cubanos en cada visita papal, y que los seguirá moviendo cuando, en septiembre, el primer pontífice latinoamericano de la historia pise suelo cubano.

Pero Conrado cree en la música. Dice que la música es una carrera militar. Cada nota, cada negra, blanca…, tiene un valor, y el secreto de ser un buen arreglista, orquestador, incluso intérprete está en la disciplina de no violarlo. Ni más ni menos, ni siquiera un poquito así. “Y por eso soy, extremadamente serio con la música”, póngalo así, me dice, y así lo escribo.

Durante el tiempo que trabajó en la misa de Levy hubo, no obstante, al menos tres llamadas a Guantánamo en busca de la experiencia de Carmen sobre liturgia y música congregacional. Ella, hija de un pastor bautista y una madre cantante del coro de la iglesia, lo asesoró en historia, en el tono que requería el momento, justo en medio de la Cuaresma.

Fue la única presión sobre sus hombros en aquellos días. “La presión de no equivocarme en el género, en estilo, en época y porque además debía trabajar en un lenguaje litúrgico y sinfónico, muy diferente al popular, al que me dedico la mayor parte del tiempo”.

Y no lo hizo. Hubo quien dijo que nunca había escuchado tanta cubanía con tanta reverencia. Orlando Vistel, uno de los críticos más despiadados de su obra, dijo que, con aquellos arreglos, le había puesto una raya más al tigre.

Alina, por su parte, obtuvo lo que esperaba. “Los cantos fueron muy bien hechos. Las orquestaciones, el trabajo con las voces, excelente. Y así, dice, fue valorado por la Iglesia y el gobierno. Conrado es brillante como músico, es muy completo, conoce mucho de la música cubana y la sabe trasladar al coro. Los temas que arregló tenían un texto religioso, pero eran géneros cubanos. Nunca dudé que lo haría a la perfección”.

Y Monier, bueno, a Monier le quedó la certeza del trabajo bien hecho, y en aquel momento, algún dinero que invirtió en un nuevo disco duro para su computadora y algunos otros asuntos prácticos porque, se crea o no, las versiones corales son un hobby que, la mayor parte de las veces, solo alimenta a sus pasiones.

De la misa donde puso su genio el guantanamero, hasta donde se sabe, no quedan grabaciones de alta calidad. Solo su memoria y la de los millones que, ese día, disfrutamos, sabiéndolo o no, de su música.

Foto de portada: Lilibeth Alfonso.

Tomado de Progreso Semanal

Publicado el 28/07/2015 en Religion y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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