John Kerry regresa a La Habana


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Por: Carlos Alzugaray Treto

Este 14 de agosto no será la primera vez que John Kerry visite La Habana. Ya lo hizo en el 2000 como senador y posible candidato a la Presidencia de los Estados Unidos. En aquella ocasión tenía interés de entrevistarse con un alto funcionario extranjero que visitaba nuestro país y solicitó al gobierno cubano que le facilitara encontrarse con él en la capital cubana. El gobierno cubano, en un gesto amistoso, accedió a la solicitud.

A todas luces, el ahora Secretario de Estado está íntimamente asociado con la corriente política que considera al bloqueo una política fracasada e incluso hasta incorrecta. Es también un representante auténtico de la Doctrina Obama, que no significa otra cosa que la primacía de la diplomacia por sobre la coerción económica o militar como instrumento principal de la política exterior norteamericana. Quizás la historia le haga justicia como uno de sus diseñadores y practicantes.

Esto no debe sorprender a cuántos analistas se han acercado a la figura de este acaudalado miembro de la elite del poder estadounidenses. Kerry se inscribe claramente en la tendencia “liberal” del espectro político norteamericano (una especie de variante “light” de la socialdemocracia), a la cual se adscribió desde sus años estudiantiles. Nacido en Aurora, Colorado, en 1943, procede de una familia de clase media alta de Nueva Inglaterra. Su madre pertenecía al clan de los Forbes, cuya fortuna está entre las más cuantiosas de Wall Street. Es Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Yale (1966) y Doctor en derecho por la Escuela de Leyes de Boston College (1976).

Nacido en Aurora, Colorado, en 1943, procede de una familia de clase media alta de Nueva Inglaterra. Su madre pertenecía al clan de los Forbes, cuya fortuna está entre las más cuantiosas de Wall Street. Es Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Yale (1966) y Doctor en derecho por la Escuela de Leyes de Boston College (1976).

Está casado, en segundas nupcias, con Teresa Heinz, propietaria de la conocida empresa productora de Cátsup que lleva el apellido de su primer esposo. La fortuna combinada de Teresa Heinz y John Kerry se estima en más de mil millones de dólares, de los cuales el propio Secretario posee más o menos la cuarta parte. En su momento se le consideró el más acaudalado de la Cámara Alta.

Kerry sirvió en la Marina de Guerra durante la Guerra de Vietnam, entre 1966 (recién graduado de Yale) y 1970. Comandó una lancha rápida y recibió varias condecoraciones por su valentía en combate.En la política adquirió notoriedad política a nivel nacional entre 1970 y 1972 por su activismo en contra de la Guerra de Vietnam. Fue miembro destacado de la organización Vietnam Veterans Against the War (Veteranos de Vietnam contra la Guerra), lo que motivó que fuera arrestado en 1971.

Desde 1972, Kerry ha estado vinculado a la política norteamericana como un miembro distinguido e influyente del Partido Demócrata. De su larga trayectoria merecen señalarse su carrera como Senador por Massachusetts (1985-2013) y la nominación de su Partido para ser candidato presidencial en el 2004 (aunque terminó derrotado por el entonces mandatario George W. Bush). Su inclinación por las relaciones internacionales lo llevó a destacarse en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, del cual fue Presidente. Entre otros muchos logros de su época de Senador está el papel de liderazgo que jugó en el proceso de normalización de las relaciones con Vietnam.

Todos estos hechos demuestran que John Kerry no es un Secretario de Estado de menor categoría. Además, su insistencia en ser él quien izara la bandera en La Habana demuestra que está empeñado en asociar permanentemente su nombre con el proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Para el gobierno cubano recibir a Kerry con los honores que le corresponden es un gesto de buena voluntad pero al mismo tiempo entraña oportunidades y desafíos.

Para el gobierno cubano recibir a Kerry con los honores que le corresponden es un gesto de buena voluntad pero al mismo tiempo entraña oportunidades y desafíos. Con este gesto, La Habana está señalando que estima con mucha seriedad el proceso de normalización de relaciones al darle la bienvenida por primera vez en más de medio siglo al jefe de la diplomacia estadounidense. Sobre todo porque para muchos dentro y fuera de Cuba (sobre todo en la izquierda latinoamericana y caribeña) no está totalmente claro si el cambio en la política de Estados Unidos es una simple táctica que mantiene el mismo objetivo (cambio de régimen en Cuba) o una mutación más estratégica en la que Washington tratará con Cuba de la misma manera que lo hace con otros países amigos y adversarios: respetando la soberanía, la independencia y la autodeterminación de los cubanos.

Las actividades previstas por el Departamento de Estado y el MINREX cubano tienen un carácter fundamentalmente intergubernamental, que es como debe ser. Esto sería un paso positivo pues el comportamiento de los diplomáticos norteamericanos en la Habana tendió a priorizar y privilegiar la relación con la así llamada “disidencia” u “oposición” y relegar los contactos y relaciones con el gobierno y con la sociedad civil tildada de “oficialista” a un segundo plano.

¿Quiere esto decir que se modificará definitivamente el modus operandi de los representantes estadounidenses en Cuba? En mi criterio, el ajuste es inevitable una vez que la embajada se refuerce en su condición.

La antigua Oficina de Intereses tenderá a ser una embajada similar a cualquier otra de Europa o Norteamérica, aunque sea más grande. Los diplomáticos de estos países mantienen relaciones fluidas y de cooperación tanto con las instituciones gubernamentales como con toda la sociedad civil cubana, incluidas organizaciones que apoyan al gobierno o no. En la medida en que el proceso de normalización avance, el escenario que puede preverse en materia diplomática es el de “campo inundado”. Los legítimos representantes de la sociedad civil y del gobierno cubano llevan tanto tiempo siendo objeto de una política hostil que se han acumulado numerosos asuntos que requieren ser negociados y tratados para lo cual la embajada tendrá que responder de forma respetuosa y diligente.

Para la nueva embajada debe ser un objetivo fundamental “lavar” la imagen de los diplomáticos norteamericanos en Cuba que, históricamente, se han asociado sólo con aquellos cubanos que son percibidos como agentes del cambio hacia una política pro norteamericana.

Una embajada de Estados Unidos en el futuro tendrá que evitar la percepción poco popular que su principal objetivo es interferir en los asuntos internos cubanos. Raúl Castro ha llamado a aprender el arte de tener relaciones civilizadas en que las dos partes aprendan a respetar sus diferencias y a cooperar sobre la base del respeto y beneficio mutuos, aceptando que hay temas en que ambas tendrán intereses distintos.

Esta es la esencia de la normalización y de la convivencia civilizada entre ambos países.

Que un político tan significativo como John Kerry le haya dado tanta importancia a venir personalmente a La Habana a izar la bandera puede significar que crece en Washington la disposición a responder positivamente a esta razonable oferta diplomática cubana.

Publicado el 13/08/2015 en Cuba, EEUU, Política y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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